Los problemas de alimentación en el autismo son muy comunes en la infancia y preocupan a las familias. Es fundamental comprender sus causas y establecer un programa individualizado en el hogar. Estos problemas pueden tener origen médico, conductual, ambiental o sensorial, influyendo en el rechazo a ciertos alimentos y texturas. Para afrontarlos, se sugieren ocho consejos.
1. Realiza un estudio médico: en ocasiones los niños y niñas con autismo pueden tener altos niveles de metales pesados y sufrir infecciones como la Candidiasis, que afecta al intestino delgado. También pueden presentar alergias e intolerancias alimentarias. Por ello, es recomendable realizar un estudio médico para detectar posibles problemas metabólicos.
2. Analiza su perfil sensorial: las dificultades en la percepción sensorial son la clave en los problemas de alimentación en niños y niñas con autismo, ya que pueden presentar hiposensibilidad o hipersensibilidad gustativa y táctil. Observar sus respuestas ayuda a identificar problemas en el procesamiento sensorial. Se recomienda una evaluación por un terapeuta ocupacional especializada.
3. Establecer una rutina para las diferentes comidas: en el colegio tienen perfectamente organizada la rutina de almuerzo y comida. Pero cuando están en casa deben establecer un lugar donde puedan sentarse cómodamente y disponer de una mesa. Es importante que no estén a su alcance juguetes ni objetos o estímulos motivadores ni estresantes. Es aconsejable que sea un lugar donde permita al niño levantarse en caso que lo desee.
4. Utilizar apoyo visuales y establecer una rutina muy motivadora para después de comer: colocar un pictograma o imagen en la zona de la rutina de comer. Un buen lugar seria en la mesa o incluso en la silla, elabora un pequeño panel indicando que va a comer y que le toca inmediatamente después.
5. Búsqueda objetiva de reforzadores: es bueno aprovechar la hora de la merienda, pon encima de la mesa y a su vista diferentes alimentos que podamos usar posteriormente como reforzadores, como por ejemplo: quicos, chocolate, golosinas y palomitas. Deja que pruebe y escoja libremente. Después, anote en el registro de alimentos reforzadores que alimentos prueba y cuales son sus reacciones. Se trata de averiguar qué alimentos pueden ser un buen refuerzo cuando se introduzca un nuevo alimento.
6. Elaborar un menú con todos los alimentos que le gusta: cuando comiencen es importante que solo le ofrezcamos los alimentos que les gusten. Si no son los reforzadores mejor. Si sabemos que les gusta la paella, la tortilla y la manzana, iremos alternando dichos alimentos durante el tiempo que sea necesario. El objetivo es conseguir que se sienten en la mesa y cojan alimentos. No debemos forzarlo ni enfadarnos.
7. Introduce nuevos alimentos: es necesario que el niño o la niña tenga la rutina de comer en la mesa adquirida. Antes de introducir el nuevo alimento es importante que previamente haya jugado con él, lo haya explorado y en definitiva le resulte familiar.
Algunas claves para introducir los nuevos alimentos:
-Acompáñalo en el plato de otro alimento que SI le guste.
-Empieza ofreciendo poca cantidad del alimento nuevo en el plato (2 trocitos de tortilla, 1 cucharada de arroz…)
-Deja que lo toque, lo huela y lo explore aunque no lo introduzca en la boca.
-Analiza si aspectos como la temperatura, la textura, alimentos mezclados… pueden estar influyendo.
-Si se come todo el alimento que ya le gusta y no prueba el alimento nuevo es el momento de utilizar los reforzadores que están en el primer lugar de la lista. Utiliza el panel 1-2.
-Puede mostrar enfado y frustración porque para conseguir el refuerzo debe comer algo que no quiere. Es importante que dejes que llore y se enfade pero manteniéndote firme y tranquila. Solo le daremos el refuerzo si prueba el nuevo alimento. Aunque proteste o se levante de la mesa, volverá para conseguir el reforzador y finalmente acabará probándolo. La clave es mantenerse en calma y respetar sus tiempos.
-Refuerza cada vez que coma una cucharada o trozo del nuevo alimento.
-Con los días ve espaciando el refuerzo, por ejemplo 3 cucharadas y luego refuerzo hasta dejar el refuerzo al finalizar el plato.
Es importante seguir apuntando diariamente en el registro de observación lo que va ocurriendo, ya que nos permitirá sacar conclusiones a lo largo del tiempo.
8. No olvides trabajar los hábitos alimenticios y la autonomía: es importante que fomentemos la autonomía exigiendo que coman por sí mismos. Una vez adquirido el hábito de comer sentado, hay que ir incluyendo objetivos referidos a la autonomía como pueden ser: limpiar la boca, ponerse agua en el vaso, uso correcto de los cubiertos, lavado de manos antes y después de comer y quitar o poner su plato.
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